domingo, 25 de septiembre de 2011
Este mediocre poeta...
Yo antes solía tener una vida buena, repleta de éxitos. Acudía a frívolas fiestas que duraban hasta que salían los primeros rayos de luz del día. ¿Ahora? Mejor no conozcáis mi hogar... Sólo puedo decirle que vago por las calles sin mayor compañía que la pura soledad, que me alimento de los pocos momentos felices que recuerdo. Que duermo en una habitación envenenado por el silencio de las paredes muertas, iluminada con la inerte luz de una vela a punto de consumirse, recibiendo como única respuesta los sonidos de la noche. Vivo como un perro abandonado a las puertas de la felicidad. No pretendo conmoverla con estas palabras, señorita. Lo que intento decir es que no se convierta en mí. Disfrute de su juventud mientras pueda, de cada segundo que la forme. No intente hacerse mayor antes de tiempo. El amor es algo que se debe sentir muchas veces, no tire su futuro por la borda. La vida hay que comerla bocado a bocado. Si muerde demasiado se acabará atragantando. ¿Quién soy? Nadie. Soy una sombra. La pincelada restante en un cuadro, la nota que no aparece en una obra musical. No pregunte por mí, no me busque, pues no me encontrará. La única memoria que se acuerda de mi nombre es la mía propia. Me tengo que ir. Este mediocre poeta se marcha a cavilar en sus pensamientos, a llorar reflexionando sobre todo esto...
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