Me desperté de aquella conmoción muy aturdida. No recuerdo nada antes de mi perdida de conocimiento. Todo en mi cabeza estaba borroso y me encontraba mal. Me palpé la cara y el cuello y me doí cuenta de que a parte de faltarme el collar de mi madre tenía una pequeña herida. Una aguja. Me durmieron. Ahora lo recuerdo.
Estaba en la 56 con Ravens. Salí de la cafetería y me dirigí al coche para ir a buscar a mi hermana. Ella estaba esperándome en casa de el tío Paul ya que fue a comer con el y se quedó hasta tarde. Estaba cruzando un callejón cuando de repente me asaltaron y todo se tornó negro. Lo único que logré ver antes de desmayarme fue la figura de un hombre corpulento y una cicatriz marcada en el pómulo.
Me incorporé y vislumbré el lugar donde me hallaba. Todo estaba muy oscuro. Parecía una cueva. No, eso estaba tallado profesionalmente. Parecía... Un sepulcro... Encontré a lo lejos una entrada de luz en el techo. Me levanté y me sacudí el polvo de los pantalones. Entonces lo vi. Leo. Estaba allí, tirado en medio aquella incógnita sin ningún sentido a unos metro de mí. Me apresuré en alcanzarle, le zarandeé un poco y no tardó en recobrar el sentido. Aturdido me preguntó que hacíamos allí. No supe contestarle. Todo era tan extraño, no lo comprendía.
Entre pequeños ruidos de posibles ratas y silencios ensordecedores pasaron varias horas. Pasaron horas cuando en aquel haz de luz apareció una sombra parecida a una cabeza. Corrimos a su encuentro y gritamos:
-¡Eh, estamos aquí! ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¡Socorro! ¡Necesitamos ayuda! ¡Que alguien nos saque de aquí!
Pero la cabeza se escondió. Esa persona se mantenía ahí al lado, impasible ante nuestros gritos pero no alcanzábamos a verla. Continuamos implorando por nuestras vidas cuando un brazo envuelto en una manga de un abrigo negro y un guante de cuero apareció sujetando una rosa roja. La mano se abrió y como un suspiro calló el anuncio de la muerte convertido en flor. En ese momento lo comprendimos.
Comprendimos que aquella sería nuestro ataud. Que sería lo último que veríamos y que permaneceríamos allí hasta el resto de nuestros días...
Comprendimos que aquella sería nuestro ataud. Que sería lo último que veríamos y que permaneceríamos allí hasta el resto de nuestros días...