Bueno, amantes de mi blog (: , venía a deciros que con los últimos cambios que ha sufrido mi vida he comenzado a escribir una novela. Sé que os sonará muy "otra maldita amante de Crepúsculo" pero no, no soy de esas. Digo esto porque mi novela trata de VAMPIROS. Estos seres me han producido toda mi vida un gran interés y siempre he intentado aprender algo nuevo. He decidido escribiros un poco de lo que llevo para ver si os mola y tal, por lo tanto, quiero comentarios, ¿vale? Y por cierto, no os preocupéis, mis vampiros no van a brillar ni serán tiernos como un osito de peluche relleno de algodón de azúcar. (:
A Nikky le rugían las tripas. Necesitaba alimentarse. No le gustaba matar gente, pero no le quedaba otra ya que sus células no sintetizaban bien los glóbulos rojos de los animales. Se vistió como lo hace siempre: botas negras cómodas, pantalón desmontable negro y camiseta de manga corta, efectivamente, negra. Antes de salir por la puerta se puso sus gafas de sol, que aunque fuese de noche, para no ser reconocida venían muy bien, y se ató los cordones. Salió por la puerta y notó como algo en su interior le decía "Come algo ya o causarás un desastre." Salió corriendo hacia un callejón oscuro donde no le vería nadie subir al tejado de un edificio con un par de saltos. Lo hizo casi sin despeinarse, y saltó de un edificio a otro hasta llegar a un aparcamiento al lado de una discoteca. Le fue muy fácil distinguir entre los que estaban borrachos como una cuba y los que les tocaba conducir, y eligió una presa. Un hombre alto pero no muy fornido, con el pelo castaño. Parecía deportista, y su sangre no olía a alcohol. Nikky pensaba que si no le quedaba más remedio que asesinar a un inocente (o no), por lo menos intentaba pasárselo bien. Le gustaba hacer una aparición estelar. Cogió aire, se guardó las gafas en un bolsillo y cerró los ojos. Su rostro cambió. Sus ojos se hundieron y agrandaron, adquiriendo sus pupilas un color negro propio del mismísimo demonio. Su pelo casi rubio se tornó en rojo pasión y sus labios se afinaron dejando asomar sus colmillos. Se hizo un poco más alta y ancha de espalda. Entonces saltó dando una vuelta en el aire y aterrizó en frente del hombre, que chilló, pero ella le tapó la boca y le clavó los colmillos en el cuello. Mientras aquel hombre moría en sus brazos ella estaba prácticamente en el paraíso. Cada trago de sangre le hacía cosquillas en la garganta, pero con la voracidad con la que le desgarraba el cuello, hacía que aquel hombre se sintiese en el más profundo de los infiernos. Estaba terminando de absolverle sus últimos latidos cuando oyó a su espalda el grito se una mujer. Se giró rapidamente y al verla salió corriendo dejando en la acera el cuerpo inmóvil y sin vida.
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